¡Adelante!

SOBRE EL TRABAJO Y EL ESTUDIANTE-TRABAJADOR

Estudiante Trabajador RGB


Entregad al trabajo, compañeros, las frentes:

Que el sudor, con su espada de sabrosos cristales,

Con sus lentos diluvios, os hará transparentes,

Venturosos, iguales.

Miguel Hernández, El sudor.

                                             Por Rodrigo Ortega

" el estudiante trabajador debe asumir las responsabilidades, de las cuales el Estado no se hace cargo, al mantener la característica de estado subsidiario. El salario que recibimos por nuestras labores, si bien, en parte son para nuestros gastos personales y familiares: comprar libros, películas, compartir con amigos y compañeros, adquirir vestimenta, aportar a la familia en la casa, etcétera.  La otra parte, debe ir destinada a costear aranceles, matrículas y trámites administrativos, lo que se enmarca en el autofinanciamiento de las universidades o Aporte Fiscal Indirecto (AFI).  El Estado docente brilla por su ausencia."

Para nadie es desconocido que una gran parte de los estudiantes de nuestro país, sobre todo los provenientes de liceos y colegios municipales que estudian en institutos profesionales (IP), centros de formación técnica (CFT) o universidades públicas o privadas, deben trabajar, paralelo a sus estudios, para costear su vida universitaria, y alcanzar el anhelado título profesional. Sin embargo, esta situación se ha naturalizado de tal manera en el sentido común, entendido este como el ámbito espontáneo de nuestras opiniones cotidianas, de los estudiantes y sus familias que esta realidad se relaciona y respalda en el discursito neoliberal del esfuerzo, emprendimiento e iniciativa particular. Soterrando una problemática de fondo mucho más compleja.

Es necesario, antes de adentrarnos en las reflexiones y experiencias concretas de esta realidad, conocer algunas diferencias conceptuales referidas al concepto de trabajo, para luego, pasar a la reseña de autores que han reflexionado desde sus contextos particulares sobre el tema. El primer criterio es el de fuerza de trabajo, entendido este como la capacidad humana de trabajar; el segundo término es el de trabajo o trabajo a secas, comprendido como el proceso de intercambio y mediación entre el ser humano y la naturaleza, inserto en relaciones sociales; y un tercer concepto, es el de trabajo abstracto, concebido como la característica que asume el trabajo humano cuando su sociabilidad es indirecta y esta mediada por el mercado y el equivalente general. Hecha la diferencia, nos enfocamos en algunos pensadores sobre la problemática.

Bertrand Russell, escritor británico, filósofo, matemático y Premio Nobel de Literatura,  reflexiona en su texto de 1932, “Elogio de la Ociosidad”, sobre la cuestión del trabajo y la ociosidad en los tiempos modernos. Plantea, “quiero decir, con toda seriedad, que la fe en las virtudes del trabajo está haciendo mucho daño en el mundo moderno y que el camino hacia la felicidad y la prosperidad pasa por una reducción organizada de aquél”. El sabio uso del tiempo libre sería producto de la madurez de nuestra civilización en vinculación directa con la educación. El ocio tendría un objetivo creativo, y no la connotación del ocio como flojera o apatía. “La idea de que el pobre deba disponer de tiempo libre siempre ha sido escandalosa para los ricos”, cita Russell en su texto, apuntando que la tranquilidad y la riqueza de unos pocos, es el desasosiego y la pobreza de una mayoría. Por lo demás, las actividades recreativas y de descanso son sólo para algunos “pero todo el trabajo necesario para construir un cine es respetable, porque es trabajo y porque produce beneficios económicos. La noción de que las actividades deseables son aquellas que producen beneficio económico lo ha puesto todo patas arriba”, a los pobres y trabajadores les permiten trabajar doce horas diarias en la construcción de un cine, pero no se les acepta ningún segundo de tiempo para ver una película, los beneficios espirituales y culturales no están permitidos.  La educación debe ser el mecanismo por el cual, según el matemático, se debe despertar las aficiones que capaciten al hombre para usar con inteligencia su tiempo libre. Ni el trabajo, ni menos el estudio serán un trampolín de beneficios económicos, por lo contrario, serán los nutrientes del espíritu humano.

Ernesto Guevara de la Serna, también conocido como el Che, combatiente revolucionario, estadista, escritor y médico argentino-cubano, en su discurso de 1964 en el Ministerio de Industrias, durante la entrega de certificados de trabajo comunista, relato también conocido como “Una Actitud Nueva Frente al Trabajo”, entrega su concepción sobre el trabajo voluntario en la construcción del socialismo. El Che propone que “el trabajo voluntario es una escuela creadora de conciencia, es el esfuerzo realizado en la sociedad y para la sociedad como aporte individual y colectivo, y va formando esa alta conciencia que nos permite acelerar el proceso del tránsito hacia el comunismo”. El trabajo voluntario como extensión del trabajo socialmente necesario, está directamente vinculado a los planes de producción en una sociedad socialista, y el objetivo fundamental de este, más allá de sus frutos económicos, es el desarrollo de la conciencia revolucionaria, el valor educativo y el impulso del espíritu creativo en quienes lo realizan. No es el trabajo el que esclaviza al hombre, lo que lo hace siervo es no ser dueño de los medios de producción. En una sociedad en la cual se busca la igualdad y solidaridad entre quienes la componen, la exención de las diferencias entre ricos y pobres, y la socialización de los medios de producción, entendidas estas premisas, como el cometido de una revolución, Guevara, sugiere que los hombres que aman la causa de los trabajadores y los pobres, deben “subordinan a esa causa sus momentos de recreo y de descanso para cumplir abnegadamente con las tareas de la Revolución”. Pero no todo es trabajo en el socialismo, el Comandante plantea tres consignas fundamentales, cada una con su importancia en cada momento, para los jóvenes comunistas: el trabajo, el estudio y el fusil. “El  trabajo, dirigiendo la construcción del socialismo; el estudio, para ir profundizando cada vez más nuestros conocimientos y nuestra capacidad de actuar; y el fusil, obviamente, para defender la Revolución”. El trabajo y el estudio como herramientas para la construcción de una nueva sociedad, donde “la tierra será el paraíso de toda la humanidad y el trabajo será el sostén que a todos de la abundancia hará gozar”.

Carlos Pérez Soto, Profesor de Estado en Física, y profesor de Epistemología y Filosofía de la Ciencia, en su curso impartido el año 2012, “La idea de la lucha de clases en el marxismo”, sintetiza tanto la idea de Bertrand Russell como la de Ernesto Guevara, entregando una perspectiva y horizonte comunista a la idea del británico. “Entonces el horizonte comunista consiste, compañeras, compañeros, ni más ni menos, que en reducir la jornada laboral”, sentencia Pérez. La simbiosis entre ocio y comunismo es producto de la etapa socialista de transición al comunismo, fase donde se debe acelerar la producción e incentivar el trabajo socialmente necesario y el trabajo voluntario impulsando la abundancia y la defensa económica del proceso. En Pérez Soto, la abundancia se debe entender como el producto del trabajo, y la distribución –reducir jornada laboral manteniendo el salario- del trabajo mismo. No obstante, no debemos esperar alcanzar estos dos modelos de sociedad para reducir la jornada laboral, “las técnicas actuales permiten reducir de un porrazo, de una día para otro, la jornada laboral a menos de la mitad, todo el mundo debería trabajar veinte horas a la semana”, con el peligro de precarizar el trabajo, mantener dos jornadas de trabajo y la mala utilización del ocio. Por lo tanto, “hay que educar a los niños para la libertad, para que hagan arte, para que hagan deporte,  para que investiguen las galaxias, eso forma parte de la libertad no del mercado”. La felicidad de Chile comienza por los niños, se lee en un afiche incólume de la Unidad Popular. Una vez más, el trabajo, el estudio, el ocio y la cultura concatenados bajo un mismo horizonte.

Retomando lo esbozado en el introito, la realidad del estudiante trabajador dista mucho de estar vinculada a un proyecto de desarrollo país, en beneficio de las grandes mayoría, a la vez, estudiar en una institución de educación superior se relaciona más con el ascenso social,  que con los deseos de conocimiento y cultura. La naturalización de esta doble condición, sin la reflexión necesaria, nos hace un engranaje más de lo que Carlos Sevilla titula en su libro, La Fábrica del Conocimiento y la universidad-empresa. No obstante, grandes pasos en conciencia se han dado, en el cuestionamiento a las universidades como trampolín de ascenso social, al comprobar que una vez egresado, al no concordar la formación de profesionales con una planificación conectada con un proyecto de desarrollo país, son cesantes ilustrados, con una gran deuda financiera en su mochila. La condición de los estudiantes trabajadores, es una realidad que no podemos negar, pero tampoco podemos negar, que persistirá en el tiempo, bajo otros horizontes y el alero de objetivos revolucionarios por la construcción de una nueva sociedad, la socialista.  Por ahora, analicemos las implicancias bajo una sociedad caracterizada por la acumulación capitalista, la libre empresa y la privatización de nuestras necesidades primarias. La misma sociedad que ha sido fuertemente cuestionada por miles y miles de estudiantes y sus familias, muchos de estos, me incluyo, estudiantes trabajadores.

En primer lugar, debemos aclarar que económicamente somos un país dependiente, y que en nuestro modelo de producción, prevalece el sector primario y terciario, o sea, la extracción de materias primas y la prestación de servicios. Los estudiantes trabajadores en gran medida, reproducen estos sectores, trabajando en restaurant, bares, supermercados, turismo, retail,  etcétera, en sus variadas funciones, garzones, coperos, promotores, empaquetadores, reponedores, cajeros, aseadores, recepcionistas, vendedores, encuestadores, y nuevamente un etc. Los estudiantes trabajadores son un “ejército de reserva” de estos sectores productivos.

En segundo lugar, los estudiantes trabajadores en gran medida trabajan sin contrato, lo que aporta, sustenta y reproduce la flexibilidad laboral avalada por el Código del Trabajo. ¿Un padre de familia, podría sustentar a esta, trabajando solamente dos días a la semana o  trabajando part time en una tienda?  Se podría, pero no existe ni estabilidad laboral ni estabilidad económica para el trabajador y su familia. Por lo mismo, los estudiantes trabajadores, mantienen esa característica, ser el sustento y la arcilla moldeable de la flexibilidad laboral. Esta no sólo se manifiesta en el contrato –entrada- sino también, en la polifuncionalidad y término de labores o contrato, en caso de existir.

En tercer lugar, el estudiante trabajador debe asumir las responsabilidades, de las cuales el Estado no se hace cargo, al mantener la característica de estado subsidiario. El salario que recibimos por nuestras labores, si bien, en parte son para nuestros gastos personales y familiares: comprar libros, películas, compartir con amigos y compañeros, adquirir vestimenta, aportar a la familia en la casa, etcétera.  La otra parte, debe ir destinada a costear aranceles, matrículas y trámites administrativos, lo que se enmarca en el autofinanciamiento de las universidades o Aporte Fiscal Indirecto (AFI).  El Estado docente brilla por su ausencia.

En cuarto lugar, el ajetreo de nuestras responsabilidades, no nos permite reconocer nuestra condición de estudiante trabajador, y nos convierte en un hijo del medio al vaivén del sentido común. No en todos los casos por supuesto. La reflexión demanda tiempo, y este escasea bajo esta condición. Cavilar sobre nuestro entorno social, político y personal debe ser un ejercicio, a merced de unas ojeras del porte de la cara, que se debe practicar. Se debe reconocer la condición de trabajador y estudiante, o se corre el riesgo de ser un explotado sin conciencia, lo que también le traería la triste clasificación de oprimido.

Las repercusiones en el ámbito académico son innegables. La necesidad de faltar a clases para descansar o para ganar tiempo y estudiar para un examen, la comprensión somnolienta de los contenidos de clases, y el producto de lo anterior representado en las calificaciones, es parte de las situaciones que se experimentan. Se suma que a veces es difícil profundizar en los contenidos de clases, y las lecturas son a vuelo de pájaro, o bien, profundizamos en los contenidos de clases, pero sin permitirnos, indagar en materias, disciplinas y contenidos de interés propio. Laureles, diplomas y estrellitas doradas parecen no encontrar sentido, cuando se soterra una realidad de cientos  de estudiantes.

En sexto lugar, encontramos que la participación social y política plena es determinada por la condición de estudiante trabajador. Las condiciones y la jornada laboral, en la actualidad, se encuentran diseñadas de manera tal, que los trabajadores y los estudiantes trabajadores vean trastocadas sus posibilidades de participación social y política plena en sus diferentes espacios de organización. El cansancio muchas veces, vence a la conciencia. Lo que provoca que ante la dicotomía de asistir a una asamblea, optemos por utilizar el tiempo en dormir y descansar, hacer un trabajo o estudiar. Constatamos también, que el horario de trabajo coincide o nos impide la participación en reuniones. Entre otras circunstancias.

Por último,  entre otros aspectos, nos encontramos con la acumulación de cansancio físico y sicológico que a veces pasa la cuenta, el derecho al descanso y la recreación se transforma casi en una anécdota: cuando tenemos dinero para comprar libros, no disponemos del tiempo para leer, y cuando tenemos tiempo para leer, no disponemos del dinero para comprar libros. Paradoja que se manifiesta también en otros ámbitos. La vida en familia y en pareja se ve reducida a tiempos estrechos, y todo se complica un poco más, cuando existe una militancia política, no compartida, de por medio. La mejor opción es la conciencia.

Para esbozar algunas conclusiones. Debemos reflexionar sobre nuestra condición de estudiantes trabajadores, y develar las causas y las contradicciones que esta esconde. No ser hijo del medio, es la advertencia. Hijos de nuestra conciencia es la propuesta. La conciencia como herramienta de conocimiento de nuestra condición y de nuestro entorno político social, es nuestra mejor aliada, para no permanecer enajenados; desterrar, a través de la inquietud por el conocimiento de las causas históricas, las leyes, los personajes, los responsables de la jibarización de nuestros derechos elementales, la educación y el trabajo, solamente por nombrar los que nos convocan en este artículo; esta toma de conciencia y conocimientos de las causas, debe ir, indudablemente, acompañada de una acción. De un compromiso mayor por la justicia y la dignidad. Por la lucha de una sociedad más justa y solidaria. Por una sociedad socialista. En la cual nuestro esfuerzo individual y colectivo, sea el respaldo de los objetivos revolucionarios a favor de las mayorías.

Aclarar que, el análisis expuesto es producto de la experiencia acumulada en años de universidad congeniados con el trabajo, y la militancia política. No es observación, ni ejemplos lejanos, es la experiencia en primera persona, complementado con conversaciones entre compañeros de estudio y militancia, bajo la misma condición. Explicitar también, que no se contempla la condición de trabajadores estudiantes, que quizás podamos encontrar en las carreras vespertinas en nuestras instituciones de educación.

Por motivos de extensión, se excluye un apartado sobre la situación de los trabajadores, el trabajo y el estudiante trabajador en países de Nuestra América, no obstante, subrayar, que el próximo siete de mayo entra en vigencia en la República Bolivariana de Venezuela uno de los últimos legados en vida del Comandante Hugo Chávez, la Ley Orgánica para los Trabajadores y las Trabajadoras (LOTT), en la cual los derechos, dignidad y participación en el proceso de transformación de los trabajadores es primordial. No esperábamos menos de una Patria Socialista y Bolivariana dirigida por un Presidente Obrero.

 

Referencias:

-Ariet, M. & Deutschmann, D. (2007): “Che Guevara Presente, una antología mínima”.  México: Ocean Sur.

-Ebiblioteca (2013): “Bertrand Russell-Elogio de la ociosidad”. [En línea]. http://www.ebiblioteca.org/?/ver/3387    [Consulta: 20 de abril 2013].

-La idea de la lucha de clases en el marxismo (2012): “El Horizonte Comunista y sus Condiciones”. [En línea]. http://www.youtube.com/watch?v=Qz3MGGbsal4 [Consulta: 26 de abril 2013].

-Ley Orgánica del Trabajo (2013): “Ley Orgánica del Trabajo, los trabajadores y las trabajadoras”. [En línea]. http://www.lottt.gob.ve/ [Consulta: 26 de abril 2013].